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viernes, 24 de mayo de 2013

El tiempo no existe


El tiempo no existe. Es sólo fruto de nuestras limitaciones en la percepción.

Imaginaos una pared en la que está dibujada toda nuestra trayectoria vital, existencial... La pared es muy larga... no la podemos abarcar de un solo vistazo...

Nuestro campo visual sólo abarca una pequeña porción de la misma (un metro, quizás), que es lo que denominamos "presente"...

Tenemos que ir poco a poco, mirándola metro a metro, hasta percibirla en su totalidad.

Hay personas que poseen un campo visual más ancho y por eso decimos que pueden ver el futuro... pero sólo perciben una mayor parte de una realidad estática.


(Carlos Dómine)

viernes, 10 de mayo de 2013

La muerte, la otra cara de la moneda de la vida


La muerte es la otra cara de la moneda de la vida. Sin esa segunda cara, la primera no sería realidad. La muerte es la que convierte a la vida en un estado perceptible por la conciencia, al dotarla de principio y fin... es decir, de movimiento... Si fuera un estado fijo (una vida eterna, infinita, sin principio ni final), no sería perceptible... ¿Concebiríais una vida en la que siempre hubierais existido y siempre siguierais existiendo...?

(Carlos Dómine)

viernes, 8 de julio de 2011

La percepción del tiempo pasado


Publicado también en Valencia Opinión

Conforme pasan los años, el hombre va sintiendo cómo los días pasan más rápidamente, cómo la vida se ha ido transformando en un libro en el que sus páginas primero se hojeaban lenta y plácidamente, hasta irse acelerando progresivamente hacia su cierre final...

Pero la cambiante percepción del paso del tiempo del ser humano obedece a la estructuración de nuestra propia mente, dentro de la cual reservamos un único espacio para el conjunto de los recuerdos desde los albores de nuestra vida.

Si nos remontamos hasta nuestra infancia, quizás en la época en que tuviéramos tres o cuatro años, podríamos recordar cómo entonces, aunque nuestra vida había sido muy breve, no nos parecía tal... Teníamos la misma sensación que tenemos ahora de haber vivido mucho tiempo, aunque sólo hubieran sido unos escasos años...

En contraste, los días se nos tornaban eternos, inmensamente largos y extendidos en toda su placidez...

Nuestro cerebro no hacía más que segmentar el tiempo transcurrido en nuestra vida en una serie de parcelas que, forzosamente debían ser largas...

Mas, tras el transcurrir de los años, los recuerdos aumentaron, pero la capacidad de percepción de los mismos no varió... Nuestra capacidad de almacenar el pasado no cambia nunca y, por tal razón, los segmentos en que fragmentamos el mismo son cada vez más pequeños... Parece que los días se precipitan, que caen en torrente, unos tras otros, y los que antes se nos presentaban largos como semanas ahora los percibimos rápidos como horas y, en las postrimerías de nuestra vida, fugaces como segundos.

La vida pasa siempre al mismo ritmo, pero nuestra capacidad de percepción de la misma la trocea cada vez en fragmentos más pequeños...



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