Aquel hombre habló al valle
asomado al precipicio, sus palabras sonaban como notas musicales
y acariciaban como soplos las alas de las aves.
Pero sólo el eco de las montañas le devolvió el aplauso.
Aquel anónimo hombre fue a la ciudad
y habló en el foro de la misma, en su mismo centro,
a gritos,
pero el ruido de la multitud acalló sus palabras
y nadie le escuchó.
Aquel hombre anónimo escribió todo lo que había dicho
y lo guardó en un baúl...
El baúl, preñado de su alma, quedó en el olvido y le sobrevivió muchos años...
...Hasta que alguien lo abrió y leyó sus palabras,
licuadas en fría tinta y solidificadas en un seco papel.
Y este nuevo hombre escribió lo ya escrito,
publicó lo ya gritado,
sembró aquellas palabras -una vez cantadas por un hombre anónimo-
y germinaron sobre una masa informe de anónimos hombres...
que, por fin, encontraron sentido a lo que habían vivido...
que, por fin...
pusieron nombre... a sus propias vidas...
(Carlos Dómine)

1 comentario:
hola buenos dias me he paseado por tu blog y aqui me quedo con tu permiso, es interesante, ameno, y te espero en mi blog si quieres alli hay amistad, compañerismo, y bueno que tengas un feliz finde saluditos de embrujo
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