Tiene que llover a cántaros... tiene que llover sobre tanta hipocresía... tanta maledicencia... tanta impostura... tanta envidia disfrazada de abrazo...
Tiene que llover sobre tanto gobernante ensoberbecidamente inútil, tan despiadado en sus hechos como halagador en sus palabras...
Tiene que llover sobre tanta gente asentada sobre el podio de sus privilegios familiares, sobre tantos "salvadores" religiosos, sobre tanto beato de rodillas... tan desgastadas como su alma...
Tiene que llover sobre la cobardía que nos atenaza y nos hace ceder ante el miedo al cambio, ante el miedo a decir ¡no! definitivamente a todo aquello que nos ha hecho progresivamente más infelices...
La lluvia de nuestro arrojo será el auténtico bautismo que nos abrirá las puertas de una nueva Vida...
(Carlos Dómine)

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