Un amigo de un amigo mío me comenta lo siguiente: "respeto tu increencia, por supuesto, pero oraré por ti, Dios aún no ha terminado contigo y aún hay esperanza para ti"...
Yo, por el contrario, creo que aún hay esperanza para que los que dicen creer en Dios empiecen a creer en el hombre... O, al menos... en algunos hombres...
Dios es la mejor excusa de muchos para despreciar al hombre, convirtiendo a éste en un ser pecaminoso, imperfecto... nada comparable a un ser divino, perfecto, omnipotente y omnisciente como es Dios...
Pero os diré una cosa... a Dios no se le ha visto... y los que dicen sentirlo sólo sienten el deseo de su existencia... Frente a esto, el ser humano, con todas sus imperfecciones, con la humildad de sus carencias, limitaciones y contradicciones es un ser de rotunda existencia... un ser que no se oculta, un ser que da la cara, día a día... En eso supera el hombre a Dios... El hombre da la cara, día a día con su sufrimiento...
Por eso dicen que Dios quiso saber lo que era ser hombre y se encarnó en uno hace dos mil años... En ese momento Dios aprendió lo que es existir realmente... Y, tras aprender, nos enseñó lo que había aprendido: Cuando le preguntaron ¿"Maestro, cuál es el más importante de los mandamientos"... amar a Dios sobre todas las cosas... amar a los padres...?, él respondió: "Un nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado".
El único amor posible es al humilde ser humano, y no a un evanescente y omnipotente Dios que se oculta tras nuestra existencia...
(Carlos Dómine)

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