Tráeme tu amor en una copa
labrada de tu esencia...
desbordada por las mil cataratas
de aquellas lágrimas que vertiste por mí...
Tráeme tus ojos sobre ella
como zafiros engastados
sobre el bruñido bronce de tu alma
Déjame ser el aguador
que escancie
tu alma
que beba tu saliva
día a día
gota a gota
hasta anegarme en tu ser
hasta fundirme en tu sangre
hasta brotar en tu llanto
hasta ahogarme en ti...
hasta quedar cosido
a tu alma
con los hilos
acuosos
transparentes...
translúcidamente diamantinos
de tu amor...
(Carlos Dómine)
(Música: "El Aguador", Ian Anderson/Jethro Tull)
